jueves, 16 de febrero de 2017

RE-TÉ-NIDOS



El sufrido amante percibió sonidos.

          —Querida mía  —dijo—, tu marido y demás entrometidos acaban de empezar la sesión. Es preciso que abandonemos esta casa. No consientas que nos retenga aquí eternamente. Acabará descubriéndolo todo con sus preguntas taimadas y mordaces. 

Tienes razón, cariño, debemos irnos ya de aquí, pero permíteme aspirar ese aroma una vez más. Será la última. Te prometo que no conseguirán hacerme hablar.

           La médium interrumpió  la “güija”:

—Tampoco hoy averiguará lo que desea, Señor. Los espíritus de su mujer y su amante no están hoy entre nosotros.

 —¿Entonces, podría usted explicarme quién ha derramado la tetera? Aún no sé por qué ni con quién me engaño —afirmó con ironía el marido—, pero al menos  una verdad conozco de mi difunta esposa: que jamás le sería infiel a un buen té. Mientras se lo pongamos a su alcance, jamás se moverá de aquí, seguirá re-té-nida.

Tras decir esto, se levantó y abandonó la güija, con el propósito de contratar a una médium más eficaz.

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