Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de agosto de 2026

DOCENA Y MEDIA DE HAIKUS Y UNA RIMA BECQUERIANA - LA TORRE DEL OJO Nº 11

                                    

Me diste lumbre, 

fuiste mi abrigo. Nunca

cuando hizo frío.

 

La noche en vela,

se desahogó en mi lecho,

y se ahogó en mi pena.

 

 

Eres mi cielo,

y cuando te entristeces,

me nublo y lluevo.

 

 

Tu aliento fue miel.

Una miel derretida

que endulzó mi sed.

 

 

Da igual si apagas

la luz de mi atardecer,

yo te amanezco.

 

 

Llamé a la noche.

Su puerta oscura me abrió.

Cerró mi albura.

 

 

Tacto sedoso

se destila en mi boca.

Néctar de labios.

 

 

Dicen que olvide,

que te he de odiar. ¿No saben

que ese es mi mal?

 

 

Si es mi remedio

olvidar que la olvido,

dejadme enfermo.

 

 

Allí. A lo lejos,

donde el camino acaba,

los pasos tiemblan.

 

 

Saltan las ascuas

de tu mirada ardiente.

¡Cómo me abrasan!

 

Entre arrullos de mar,

engatusan mi tiempo

olas de versos.

 

Llegó la ausencia.

Esperé a verla partir

desde el olvido.

 

 

Como un riachuelo

serpenteó por mi piel.

Nadé en sus aguas.

 

 

Saltó en la espuma

ser de mirada húmeda,

que me rogaba.

 

 

Dentro de mí

fluyen tus lágrimas.

Empapan mi alma.

 

 

Verano tórrido

siega nuestra primavera.

Nos marchitamos.

 

 

Yo era la roca,

tú eras el manantial

que la colmaba.

 

«Por una palabra, un mundo,  por una poesía un cielo. 

Por un puñado de haikus… ¡yo no sé qué te daría! Al menos un universo»

 (inspirado en la rima XXIII de Bécquer).


Enlace a la revista: https://latorredelojo.com/2026/07/20/docena-y-media-de-haikus-y-una-rima-becqueriana/



lunes, 15 de junio de 2026

CAMINOS BAJO LA VÍA LÁCTEA - REVISTA LA TORRE DEL OJO, Nº 8

Tina de Luis Santiago

Hoy transito esta vereda que recorrimos tú y yo,

paso con paso, ilusión con ilusión.

Entre miradas sedientas, un anochecer de antaño,

se fusionaron dos almas, dos cuerpos, dos caminos…,

el nuestro y el de Santiago.

La noche llegó serena, con su mantón ceniciento.

En un rincón escondido improvisamos un lecho,

iluminado por rutilantes estrellas y nuestros ojos de fuego.

Danzaban nuestras pupilas, buscando en el firmamento,

con afán, con entusiasmo, las deambulantes perseidas.

Ellas cruzaban con prisa. Dos corazones, tras ellas,

ansiosos solicitaban sus más profundos deseos.

Escucharnos no pudieron. O no quisieron, tal vez.

En vano les suplicamos. Raudas y esquivas, se fueron.

Y un día... te marchaste tú también.

 

Hoy he vuelto a este lugar, donde habitan mis recuerdos.

Intuyo, aún palpitantes, las huellas de nuestros cuerpos

sobre el verdor chamuscado por el látigo del tiempo.

Me recuesto sobre ellas, con los brazos extendidos,

para cubrirlas enteras.

Las recorro y acaricio, las ocupo, las embebo.

Contemplo el techo argentado con nostalgia.

El titilar de mis ojos vacila como una vela de exvoto

lánguida y entumecida.

He soñado sin sosiego repetir aquellas sendas:

la de Santiago y la nuestra.

Por fin retorno, dichosa, a la captura de un sueño.

Las lágrimas de San Lorenzo, cual reflejo de las mías,

atraviesan y se escurren por las orillas del cielo.

Puede que algún meteoro esta vez oiga mi súplica:

«¡Devolvédmelo!».

Dos veces culminaré el Camino de Santiago.

Queda pendiente el de ambos y ese rincón compartido.

Yo seguiré rastreando su estela desvanecida.

No me detendrá el recelo, ni el desánimo.

La marcha debe seguir. Constante.

A mirar siempre adelante el camino me ha enseñado.


Enlace a la poesía: https://latorredelojo.com/2026/04/16/caminos-bajo-la-via-lactea/

miércoles, 28 de enero de 2026

EL OTOÑO Y SUS POETAS - POEMA - LA TORRE DEL OJO, Nº 4

                                                                                          Tina de Luis

Me contaron del otoño, me inquietaron:

de ocasos, de vejez, de cenizas, de asperezas,

de frío y viento, de sombra y bruma.

Infaustas notas lo tildaron sin clemencia.

Se acordó Manuel Machado en dicha época

de historias tristes, sin poesía...

Extraño parecer, pues el otoño inspira eternas trovas.

Hoy una mano de congoja llena de otoño el horizonte.

Y hasta de mi almael de Neruda, caen hojas.

Caen despojadas frondas, sí, pero los árboles siguen

erguidos, afrontando con orgullo el tiempo ingrato.

Aunque desnudos, volverán a revestirse de paisaje afable.

Miguel Hernández se lamenta: Todo es crepúsculo…

…otro otoño triste ha llegado sin ti.

Y así versa Octavio Paz en singular anhelo:

Busco unas manos, una presencia, un cuerpo…

… un roce, un son, un giro…

Y quien lo halla… ¿puede recibir mejor ofrenda?

Si hay labios que sueñan labios, y manos que sueñan pájaros...,

hay corazones que sueñan, llenos de encanto.

Aún transitan nuestras ansias por las venas.

Carmen Conde concluyó: se deshizo el otoño de sus plumas,

y yo digo que es posible alzar el vuelo con el alma.

El otoño fue remate en mi consciencia. No es verdad,

no todo acaba. Juana de Ibarbourou se sincera:

Nuestro idilio comenzó en un otoño. 

Y él siempre me ponía violetas en las trenzas. 

Tan lejanos concebía los confines que asumí juicios,

confié en letras. Postura ingenua. Cada mortal

experimenta y aprehende a su manera.

Con llaneza, Gloria Fuertes se descubre: En el otoño

 pliso los visillos, estoy como una cabra en primavera.

Gloriosa libertad expresarse sin barreras. Mas, por hablar,

cuánto ajeno a tal edad nos lo cuenta cual versado.

No siempre expone su sentencia del otoño el otoñal.

Incauto, se lo permite aquel que excluye a tientas.

¿Puede cantar al amor quien no lo entiende?

¿Y describir allende el mar quien nunca lo cruzara?

Triste lienzo me pintaron de una estación tan rimada,

la extirpé de mis quimeras, la temí, la relegué…

Ahora, desde la cima misma de la escala, discrepo.

Comparto, en esta aserción, los ánimos de Darío:

¡Aún hay promesas de placeres en los mañanas!

Salgamos a buscarlas mirando hacia delante por

la alameda dorada que Machado nos franquea.

Retorna el fogoso amor en etapa de demérito arbitrario,

cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste,

nos precisa Ángel González en su estrofa.

Por favor, no conviertas el otoño en decadencia:

es ópalo y es granada, ímpetu y calma.

El otoño enciende, el otoño aplaca. Gozad

del sol —como Darío, de la pagana luz de sus fuegos.

Al otoño, Margarita Carreras da sentido:

No eres fin, sino pausa dorada, el corazón se aquieta

para escuchar su propio latido, en palpitar que no cesa.

Como ella, yo no pujo por finales ni vacíos,

reivindico un otoño de vivencias plenas,

de renovación, vendimia y sementera.

Juan Ramón Jiménez, con mesura, muestra su afecto a la tierra:  

…la sencilla mano abierta dejaba la semilla en su entraña... 

Y hace nacer las formas embriagadas, prosigue Octavio Paz.

¡Cuánta belleza suelta!

Me seduce Lugones, cuando afirma:

La… rosa… es más hermosa cuanto más tardía.

Incluso de bosque de oro y duradero habla Brines con acierto.

¿No es muy coquetón el otoño de M. Elena Walsh, ese gran

señor que colorea? También es pintor… y del bolsillo

de su pantalón saca un incendio color de limón.

Dicen que el señor tiene en el cielo un enorme taller

donde hará caramelos de azúcar del atardecer.

Poemas entusiastas, como este, se crearon y perduran.

Yo extrapolo, pues elijo un muestrario de lo hermoso.

Rubén Darío proclama: No obstante, la vida es bella,

lavemos bien de nuestra veste la amarga prosa,

aún siente nuestra lengua el gusto de la manzana.

Apartad el temor que os hiela y que os restringe.

De esa forma gratifico al sentimiento y me complazco,

así me lo pide el corazón y así lo quiero.

Tal vez antaño vistiera el otoño otras prendas.

O quizá se anticiparan consecuencias.

Y acabo —¿o es comienzo?—, con los versos sabios

de J. Ramón Jiménez, donde el Otoño … se lleva al infinito el pensamiento. 

¡Encantamiento de oro! …en que el cuerpo,

hecho alma, se enternece, echado en el verdor de una colina!

La vida se desnuda y resplandece…

Yo lo emulo, me desnudo de aflicción y pesimismo.

Acentúo este periodo y sus cadencias. Me arrellano

en el remanso que, aun nostálgico, se renueva y entreteje. 

El invierno aún queda largo, tras senda gentil y complaciente.

Enlaces:

El otoño y sus poetas - La Torre de Ojo

Revista La Torre del Ojo




Archivo del blog