sábado, 28 de octubre de 2017

MUNDOS ROTOS. SON MUCHAS MÁS LAS IGUALDADES QUE LAS DIFERENCIAS

—Os advierto de que este mundo no os gustará nada; y es una verdadera pena, porque hubo un tiempo, varios cientos de años atrás, en el que existió un planeta y un solo mundo, muy hermoso. Lo tenían todo. Absolutamente todo. La gente no lo cuidaba, devastaba sus aguas, su vegetación exuberante e incluso la vida misma. Por si todo esto fuera poco, las personas se maltrataban y se aniquilaban entre ellas. Nadie se conformaba con lo que tenía. Cuanto más avanzada y moderna se creía esa civilización, muchas más diferencias, incomprensión e intolerancia los iban distanciando. La lucha por el poder y las ideologías provocaron enfrentamientos sin fin. Estalló la Gran Catástrofe. La destrucción. Luego, una gigantesca cadena de cataclismos, como consecuencia de lo anterior, hizo temblar los cimientos mismos del planeta. Lo destrozaron, lo redujeron a pedazos.
—Hablas de nuestro planeta, ¡a que sí! ¿Por qué nunca nos lo enseñan, para poderlo aprender? —protestó Elda.

—No interesa sacarlo a relucir. Se ha guardado en el arcón del olvido, como una leyenda pasada de moda. Da vergüenza pensar que seres llamados humanos y considerados inteligentes fueran capaces de destruir  y destrozar su propio mundo, en vez de beneficiarse de él y compartirlo. Ahora tenemos lo que se buscaron: mundos individuales, territorios particulares. ¿Ha servido para algo? No. La insatisfacción sigue reinando. Las personas no se hermanan. Si vuelve a suceder aquello, ya no habrá mundos. Ya no habrá planeta. Habrán conseguido lo que buscaban: Ser los reyes, pero… ¡DE LA NADA! Y yo siento verdadero horror por si aún no hemos aprendido y escarmentado con la Gran Catástrofe. 

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